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En un mercado cada vez más competitivo y globalizado, las bodegas deben innovar para diferenciarse. La fuerza de los viñedos del macizo pirenaico es, sin duda, la riqueza de su patrimonio genético vitícola.
Debido a su disparidad geográfica, la historia de sus civilizaciones de la época galo-romana a las peregrinaciones a Santiago de Compostela, los viñedos fronterizos siempre han sido la sede de una gran diversidad de variedades.
A pesar de la implementación de muchos conservatorios de variedades en los últimos años, la perdida de este inestimable recurso natural está sucediendo.
Las variedades que crecen en estado salvaje, o sólo están representadas en un conservatorio o en viejas parcelas podrían ayudar a responder a un tipo de demanda de ciertos nichos de mercado, lo que generaría un alto valor añadido. También podrían aportar complejidad en los vinos “genéricos” mediante operaciones de coupaje. Algunas de estas variedades podrían también ser especialmente adecuadas para las nuevas condiciones climáticas.
Se trata de una investigación conjunta de tres socios principales: el Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y alimentario; el Centro de Investigaciones de Investigaciones Científicas y Tecnológicas de Extremadura y la Bodega Encina Blanca de Alburquerque (PARFOEX SLU). La investigación cuenta con un presupuesto de 74274,97 euros, cofinanciado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER) y la Junta de Extremadura.

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